A la caza del petrodólar

Son muy receptivos, desean invertir en el extranjero y diversifican mucho más sus inversiones que hace 20 años. Se han convertido en los grandes ahorradores del mundo. Y sus interlocutores ya no son los cabeza de familia de los clanes multimillonarios árabes, sino un personal con un alto nivel de cualificación y preparación financiera y empresarial, los verdaderos encargados de escuchar las propuestas de empresas occidentales, bien para sumarse a sus proyectos en sus países de origen, bien para adquirir productos para su desarrollo interior o para sumar esfuerzos en lugares donde ya están invirtiendo de forma muy activa, como Asia o el Norte de África.

Time to invest

El capital árabe tiene nuevos actores que cuentan 250.000 millones de euros libres para gastar en sectores en los que la Costa del Sol es experto: el inmobiliario-construcción, el turístico y el financiero, y Marbella, un municipio con conexiones históricas con países árabes -sobre todo, del área del Golfo Pérsico, como son Arabia Saudita, Kuwait, Baréin, Qatar o Emiratos Árabes-, cuenta con un tejido empresarial con características muy atractivas para un capital menos caprichoso que hace dos décadas, mucho más exigente que en otros tiempos y muy profesionalizado.

«El capital árabe está cada vez más estructurado. Y esto es muy positivo para las empresas de Marbella-, pues antes la única manera de captar ese capital era conociendo a algún miembro de esas familias con grandes fortunas de algún país del Golfo Pérsico, por ejemplo, o a la persona del sector público que gestionaba ese dinero. Hoy, sin embargo, hay un nivel por debajo, el del gestor, con entidad, que hace posible en comparación con 20 ó 30 años atrás esa relación empresarial. Sigue habiendo un nivel político, pero hay también uno más operativo o de gestión con profesionales árabes muy preparados», afirma el doctor en Economía y profesor de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, Jacinto Soler, tras realizar un estudio durante los últimos años de, al menos, un centenar de gestoras públicas y privadas del capital árabe actual, de cuyas conclusiones da cuenta el libro «El nuevo capital árabe: principales actores y oportunidades para empresas españolas», editado por la Casa Árabe de Madrid.

Soler no solo habla de que los petrodólares están ya regresando a Al- Ándalus, sino de la posibilidad real que tienen las empresas de la Costa del Sol de viajar hasta estos países, emergentes gracias al último «boom» del petróleo, para convencerles de unir fuerzas en proyectos en otros países donde el dinero árabe ya está obteniendo muchos beneficios: Túnez, Turquía, China, Tanzania o Kenia.

Tres sectores

«Hay tres sectores que pueden ser muy interesantes: el de las energías renovables, el agrícola-alimenticio -un sector que está arrasando y que tiene mucho futuro, pues el 90% del alimento que necesita consumirse en estos países del Golfo Pérsico es importado, por razones de climatológicas y falta de suelo cultivable, por lo que cada vez hay más fondos que están invirtiendo fuera de estos países en tierras para asegurarse el suministro y gestionar todo el proceso-, y el turístico y hotelero, con grupos que están colocando establecimientos en España, quizás dentro de poco en la Costa del Sol», asegura el autor del estudio.

El ámbito inmobiliario sería el otro campo en el que la experiencia de las empresas marbellíes podrían sumarse a la reciente aprobación del Gobierno central español del un nuevo régimen de residencia por inversión que, según el economista catalán, «dará oxígeno para vender proyectos inmobiliarios de gama media y alta al turista de los países árabes».

¿Es arriesgado este acercamiento al capital árabe? El analista lo niega, basándose en tres evidencias: el precio sostenido del petróleo de 100 dólares el barril; un aumento del consumo de petróleo y de gas de países emergentes, como India o China; y los bajos costes de extracción de petróleo en estos países en comparación con otros como EE.UU. o estados de Latinoamérica.

Una de las empresas de Marbella que ya ha intentado acercar posiciones con países árabes es la marca de aceites DOliva. Con una tienda en el casco antiguo, su propietario, David Gallardo, no dudó en intentar vender su producto en Dubai. «Me fue bastante bien. Hice algunos contactos aquí, antes de coger el avión, para no ir a la aventura. Y allí los multipliqué por dos. Vuelvo a Dubai en marzo para cerrar negocios», explica.

Vicente Ortiz, abogado en Marbella, también reconoce percibir un interés creciente entre sus clientes árabes por invertir aquí.
«Mi experiencia es que, si bien han venido siempre a hacer inversiones puntuales, como la compra de viviendas o segundas residencias, detecto ahora el interés de grupos familiares más grandes, incluso, de algún fondo soberano de Kuwait, Arabia Saudí y Dubai, que están buscando oportunidades en el sector inmobiliario: promociones a buen precio y suelo de todo tipo. Yo viajo a Kuwait a finales de noviembre para visitar a mis clientes. Está claro que quieren dar un paso más», asegura.